martes, 31 de mayo de 2011

LISBOA






He oído hablar de escritores que, incluso, alardean de haber escrito sobre un determinado lugar sin haber estado nunca en él. Esos mismos escritores dicen que, en estos tiempos, Internet te permite visitar cualquier punto en el mapa por muy exótico que parezca. Dicen también que con imaginación se puede volar a cualquier parte...



No están equivocados pero yo prefiero volar en avión.
Por eso, siguiendo los pasos de don Juan y, sobre todo, los de Alonso Gómez, me planté en Lisboa a primeros de este mes de mayo. Necesitaba saber si el agua del Tajo es salada en Lisboa. Si la ropa se pega al cuerpo o si las noches son claras u oscuras... Eso es algo que no viene en Internet.
Salvo algunos emblemáticos monumentos manuelinos y el conocido barrio de Alfama, poco queda de la capital portuguesa de finales del siglo XVI pues el terremoto de 1755 cambió por completo la fisonomía de la ciudad. No obstante, el terremoto no consiguió llevarse el carácter de esa gente que vive allá donde el Tajo muere. Un carácter singular, sin duda.
Por cierto, fui a Lisboa porque allí tiene lugar una parte de la nueva historia que me traigo entre manos. Me aconsejó un amigo que lo hiciera. Y acertó.








jueves, 28 de abril de 2011

Sigo aquí

Don Juan releía una y otra vez el despacho que esa misma tarde había llegado de la corte. Lo había traído un correo real que se había jugado el tipo atravesando los puertos y la llanura helada de Castilla. De manera muy especial, aquel otoño de 1587 estaba resultando desapacible y frío, no sólo por las nevadas tan tempranas sino, sobre todo, por la ventisca del Norte, más propia de otros meses de pleno invierno.

Precisamente, era el viento helado estrellándose contra los ventanales del palacio lo único que podría haber turbado la atenta lectura de don Juan pues hacía tiempo que los criados habían apagado todas las luces retirándose a dormir. Sin embargo, el golpeteo constante en los cristales y el silbido fantasmal de la ventolera colándose por los huecos no consiguieron despegar la mirada del condestable de la carta que Su Serenísima Majestad le había remitido con toda urgencia. Y aunque la luz de las velas oscilaba haciendo difícil su lectura, por tercera o cuarta vez los ojos de don Juan quedaron pegados al sello y firma de aquella misiva:

YO, FELIPE, EL REY.


-----------------------------------------------------------------------

Así comienza la primera página de un nuevo relato que me traigo entre manos. Un relato bastante más largo que los de La veleta nocturna y que pretende ser una novela. Estas líneas las escribí hace, precisamente ahora, un año, recién publicada La veleta. La historia ha ido creciendo desde entonces a través de casi dos centenares de páginas, pero aún me queda un largo camino por recorrer: terminar de enredar la trama, buscar un final y encontrar un título. Esto último siempre me resultó lo más difícil.

Por cierto, por si alguien no lo había adivinado, la historia comienza en el Palacio de los Condestables, el mismo cuyas ruinas aparecen en la fotografía.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Un terrible accidente





















Estoy seguro de que el conductor de aquel camión hormigonera no lo hizo con mala fe. Sólo faltaría eso. Estoy convencido de que cuando miró hacia arriba, a los arcos de la Puerta de San Andrés, pensó: "seguro que paso".
El caso es que calculó mal y, ya lo han leído ustedes, no pasó: empotró su camión-hormigonera en el arco interior de nuestra querida Puerta Villa, el símbolo y emblema de este pueblo.
En el estado actual en que se encuentra este obra tan singular lo extraño fue que el golpe no la derribara. Ya ven qué duras eran las cosas que se hacían antes....
Aunque los daños son reparables, el susto queda ahí para que aprendamos la lección y exijamos ¡YA! la prometida restauración de este monumento.
Y otra cosa: no estaría de más que se prohibiera el tráfico pesado bajo su arquería, sólo por si alguien vuelve a echar mal los cálculos.

Varo

sábado, 29 de enero de 2011

DESPOBLADOS I (El teso de San Mamés)

Si de todos las aldeas y lugares, hoy despoblados, que formaban parte del alfoz de la Villa de Alpando tuviera que elegir uno solo, sin duda alguna elegiría éste, el Teso de San Mamés. Lo elegiría por ser el más grande, el más antiguo y el que más duración tuvo en el tiempo.
En el libro de don Luis Calvo Lozano se le atribuye un origen romano. Relaciona don Luis este lugar de San Mamés con la antigua ciudad celto-romana de Intercatia otorgándole orígenes posteriores a la conquista de
dicha ciudad por parte de Roma. Tengamos la opinión que tengamos sobre la ubicación de Intercatia, lo cierto es que diversos hallazgos arqueológicos e investigaciones realizadas sobre la zona parecen atribuir un origen aún mucho más antiguo a la presencia del hombre en el Teso de San Mamés.
Al parecer fueron los celtas vacceos los primeros que se asentaron en él. No sería de extrañar, por los siguientes motivos:
- Excelente orografía que favorece el asentamiento humano: el teso reproduce las condiciones idóneas exigidas por los v
acceos, como era la elevación natural del terreno que aseguraba la defensa;
- Existencia de dos ríos, en medio de los cuales se eleva el teso: favorece también la defensa, asegura pesca fluvial y buenas cosechas como consecuencia de la fertilización natural derivada de las crecidas anuales.
Además de lo anterior, la evidencia viene dada por los hallazgos arqueológicos a los que he hecho referencia, en especial unas cuentas de collar femenino hechas en bronce, típicas de la época vaccea, es decir, siglos V al II anteriores a Cristo. Si esto fuera cierto y si Intercatia no hubiera estado ubicada en Villalpando, el Teso de San Mamés habría sido el lugar más antiguo de toda la zona.
Es completamente segura la existencia de un núcleo de población estable durante la época romana, probablemente desde la llegada de los primeros romanos. Así lo atestiguan los múltiples vestigios arqueológicos aún visibles, como trozos de tégula (la teja de las casas romanas) y piedras que sirvieron de cimentación
a esas casas. Además, hay que añadir que una calzada romana ("la zamorana") que discurre paralela al Valderaduey pasa por las faldas del teso, lo que permitiría el desarrollo e intercambio comercial del San Mamés romano.
También parece que fue este uno de esos lugares de excepción a la regla del "Yermo Estratégico" que planteaba don Claudio Sánchez Albornoz, pues en los estudios realizados por Delibes y la Cátedra de Historia de la Universidad de Valladolid se demuestra que en San Mamés existió una pequeña población estable durante los años que se han dado en denominar "Los años oscuros", es decir, la época que va desde la caída del reino visigodo (714 d.C) hasta el año 1.000. Si eso fuera así, razón de más para afirmar que también en época visigoda el lugar estuvo habitado. Los hallazgos de esa ép
oca son una fíbula infantil (fíbula=broche para sujetar la capa), de plata y esmalte y algunas piezas de cota de malla.
Sin duda alguna, la época de mayor auge de la puebla de San Mamés fue durante los años de la edad media. Lo que acabo de decir no es una afirmación gratuita, sino que además de darme la razón los sabios en la materia (Calvo Lozano, por ejemplo), lo atestiguan los restos arqueológicos, monedas y demás objetos que han aparecido de la época, siendo los hallazgos más abundantes. Parece, incluso, que hubo mercado en este lugar como afirman documentos de la época. Don Luis habla de la existencia de un pequeño castillo que dominaba la aldea de San Mamés, aunque de eso no hay ni constancia documental ni arqueológica.
La decadencia de la aldea comenzó en la baja edad media pero en época de Enrique IV (mediados del siglo XV) aún existía. La aldea quedó despoblada definitivamente en la centuria siguiente, ya que no se han encontrado vestigios que vayan más allá del siglo XVI.
Por último, sólo quiero decir que son verdaderamente hermosas las vistas que se contemplan desde lo más alto del Teso de San Mamés: la confluencia de los dos ríos, la carretera serpenteante y el verdor de los campos que llegan hasta las mismas puertas de la Villa hacen de este lugar de San Mamés uno de mis favoritos balcones aun ahora, cuando todavía está lejos la ansiada primavera.
Varo.

P.D.: En las fotos aparecen una "blanca" de Enrique IV y un anillo romano, probablemente femenino. Los dos objetos, según afirman quienes me enviaron en su día las fotos, fueron encontrados en el Teso de San Mamés.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Palomares de Villamayor de Campos






Probablemente, este conjunto de palomares compone una de las estampas terracampinas más fotografiadas de mi zona. Y no por ello, cada vez que paso cerca, dejo de echar una mirada furtiva, sorprendiéndome una y otra vez.
Parece ser que fueron los árabes quienes introdujeron en la Península este tipo de arquitectura rural dedicada a la explotación de palomas y pichones, aunque ya los romanos se dedicaban a la avicultura y colombofilia.





Este conjunto, situado en Villamayor de Campos, se compone de una docena de palomares y un molino de viento, restaurado alguno de ellos.

El solar donde se erigen constituyó siglos atrás la aldea de San Salvador que junto a San Martín de los Rascones y Villanueva del Río formaban un conjunto de pequeños poblados cercanos a la Villa-Mayor, de la que dependían. De todos estos pequeños pueblos ya no quedaba ni rastro a comienzos del siglo XVIII, sólo han perdurado, precisamente, los molinos de viento y los palomares, probablemente porque se siguieron explotando de generación en generación hasta hace muy poco tiempo.





Singulares edificios que son testigos mudos de un pasado que no podemos olvidar.


Varo.

lunes, 18 de octubre de 2010

La Puerta de San Andrés (5º Centenario)

Ahora que se cumple su quinto centenario no voy a dejar pasar la ocasión sin mostrar esta joya a todos aquellos que se asoman a mi blog. Hablar de la Puerta de San Andrés es hablar del orgullo de los villalpandinos y de uno de los más bellos exponentes de la arquitectura militar castellana.
Desconocida para quienes no son de la zona, la Puerta de San Andrés (también llamada Puerta Villa) fue uno de los principales accesos a la ciudad amurallada de Villalpando y aún sigue teniendo ese uso.

En realidad habría que hablar de dos Puestas de San Andrés. Una primera que data de principios del siglo XIV, fecha en la que se construyó el segundo recinto amurallado, de estilo gótico (como la otra que aún permanece en pie, la de Santiago), dotada de paso de ronda y de construcción muy sobria a base de canto rodado y sillarejo. Y una segunda Puerta de San Andrés, adosada a la anterior, construída en 1510 (s. XVI), dotada de los dos impresionantes cubos que la flanquean y defendida con merlones o almenas (que son símbolo de Jurisdicción); en esta segunda puerta sólo se empleó piedra sillar para su construcción traida de las canteras de Urueña y del Teso San Marcos. Ambas puertas se unen en perfecta simbiosis y no cabe hacer distinción alguna más que para su estudio.



Parece ser que fue el propio Ayuntamiento de la Villa quien encargó su construcción, tal como revelan las cuentas del cabildo de aquel año. Fue precisamente 1510 un año de profundas tranformaciones urbanísticas en Villalpando pues además de la Puerta de San Andrés se reconstruyeron con el nuevo estilo (el gótico) la de Santa María y la de Santiago, reparándose también el postigo de San Salvador.
En la parte superior del paño central cuenta con dos escudos nobiliarios: uno perteneciente a la familia Fernández de Velasco, condestables de Castilla y el otro irreconocible (don Luis Calvo dice que pertenecen a los Caballeros del Santo Sepulcro).
En la parte media, dos blasones fajados, que son emblema de Villalpando y en la parte inferior el aspa o cruz de San Andres, cuya imagen ocupó la hornacina central ahora vacía. Rodea todo el conjunto el cordón de San Francisco.
Por la disposición de los merlones, el carácter cilíndrico de los cubos y la época en que fue construida todo hace indicar que la Puerta de San Andrés estuvo artillada, lo cual no impide que se abrieran saeteras en los cubos o en el paño central guardando siempre una perfecta simetría.
En su interior se aprecian cenefas labradas en la piedra, a la manera del gusto italiano de la época y aún son visibles los vestigios de la bisagra de piedra que sujetaba el portón de madera.
La Puerta de San Andrés estaba defendida al frente por una laguna hoy desecada pero que nuestros abuelos conocieron.
Ya he lanzado aquí en otras ocasiones mi voz en pro de la rehabilitación de nuestro patrimonio. Si esa voz de alarma general no resulta descabellada tal como están las cosas, más cabal resulta reivindicar la actuación urgente de las administraciones en aras a la conservación y consolidación de este monumento que nos da las señas de nuestra identidad como villalpandinos. En los últimos años se han sucedido en la prensa continuas noticias que aluden a nuevas grietas y desprendimientos que hacen presagiar lo peor. Parece que ahora sí hay un proyecto de rehabilitación pero lo que ya no sé es si hay o no dinero para llevarlo a cabo.
¿Se nos acabará cayendo? No quiero ni pensarlo. Por cierto, se me olvidaba: ¡feliz quinto centenario!
Varo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Mar de Fondo


Hay lugares donde se reunen tres fronteras: la de la tierra, la del agua y la del aire. Y es difícil, a veces, colegir dónde empieza cada una de ellas.

Hay lugares que provocan cadencias, que desatan, que rompen cadenas...

Respirar las brisas de esos lugares te colma el alma.

Y te transporta.

Varo.