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miércoles, 9 de marzo de 2011

Un terrible accidente





















Estoy seguro de que el conductor de aquel camión hormigonera no lo hizo con mala fe. Sólo faltaría eso. Estoy convencido de que cuando miró hacia arriba, a los arcos de la Puerta de San Andrés, pensó: "seguro que paso".
El caso es que calculó mal y, ya lo han leído ustedes, no pasó: empotró su camión-hormigonera en el arco interior de nuestra querida Puerta Villa, el símbolo y emblema de este pueblo.
En el estado actual en que se encuentra este obra tan singular lo extraño fue que el golpe no la derribara. Ya ven qué duras eran las cosas que se hacían antes....
Aunque los daños son reparables, el susto queda ahí para que aprendamos la lección y exijamos ¡YA! la prometida restauración de este monumento.
Y otra cosa: no estaría de más que se prohibiera el tráfico pesado bajo su arquería, sólo por si alguien vuelve a echar mal los cálculos.

Varo

martes, 15 de septiembre de 2009

Casa Rural en Villalpando (Iglesia de Santiago)



Acostumbrado a la ruina progresiva que aqueja a nuestro patrimonio monumental, a veces se me pone la piel de gallina cuando, en contadas ocasiones, alguien consigue sacar de la desidia y el olvido algún lugar impensable pero que siempre estuvo ahí, a la sombra del tiempo, oculto por la mugre de los siglos, como si fuera un enfermo terminal de la Historia.
Pero, para mi gozo, esta vez el enfermo se ha salvado. Y no sólo eso, sino que además, ha regresado con bríos renovados. Me estoy refiriendo a la Iglesia de Santiago de Villalpando, que tras muchos años de estar oculta al público y en ruina progresiva ha sido reconvertida -una parte de ella- en Casa Rural.
No pretende ser este artículo una oda de alabanza y peloteo ni a su dueña ni al resultado de su trabajo. Pero sí quiero que sea una carta de reconocimiento a su idea, su labor y, sobre todo, a su buen hacer. En mi opinión, es así como debe entenderse la rehabilitación privada de cualquier monumento histórico-artístico: conservando los vestigios del pasado, redecorando de acuerdo al estilo y dotando al monumento de un uso civil. Parece fácil, pero cuesta mucho (tiempo y dinero).
Los orígenes de la iglesia de Santiago están en el siglo XII, a finales de esa centuria, cuando la villa de Alpando se convierte en un bastión de frontera frente a la pujante Castilla. Ya he dicho en otros artículos que, en esa época, Villalpando fue mimado por los reyes leoneses con privilegios y prevendas que propiciarion un importantísimo crecimiento demográfico y económico. Enseguida su primer recinto amurallado se vio ahogado por múltiples barrios que se adosaban a la primitiva muralla, inutilizándola. En esos nuevos barrios se construyeron iglesias, algunas de las cuales fueron cimentadas sobre antiguas ermitas. Una de esas iglesias construida en los años que el románico soñaba ya con ser gótico, es la de Santiago el Mayor, de tres naves, una de las cuales, la de San Cayetano, es la que se ha rehabilitado como Casa Rural. Parece ser que esta parte de la iglesia fue vendida a un particular ya en el año 1903, utilizándose como almacen de grano. El resto de la iglesia pasó a manos privadas en los años 50 y durante más de medio siglo sus bóvedas, cañones, arcos semiapuntados , la piedra de sus muros y ladrillos mudéjares quedaron ocultos como si nunca hubieran existido.
Ahora todo eso ha salido a la luz: las piedras y los ladrillos se han limpiado, casi hasta sacarlos brillo; se han descubierto sus arcos semi ojivales redistribuyéndose con elegancia los interiores, dotando así al edificio de ese uso civil necesario para su mantenimiento y conservación. Ejemplo de cómo la iniciativa privada puede contribuir en gran medida a la conservación de nuestro patrimonio.
La casa consta de dos plantas que se alquilan conjuntamente o por separado. Todo es nuevo, pero parece antiguo. Y lo que no es nuevo está restaurado. Muchos muebles, armarios, objetos sobre mesas y aparadores... me recuerdan las películas del cine mudo... Las camas de hierro fundido, las vigas, los adobes... confieren un clima cálido a ese lugar, vieja iglesia que no quiso ser carne de retroexcavadora.
Deseo larga vida a este remanso de paz.
Varo.

domingo, 3 de mayo de 2009

La Plaza Mayor de Villalpando (cinco veces centenaria)

Al igual que todos los caminos llevan a Roma, también todas las calles de la villa llevan a ella, a la Plaza Mayor de Villalpando.
Situada en el corazón de su casco urbano, esta plaza típicamente castellana (y leonesa) sorprende a cuantos visitantes se acercan por primera vez. No es de extrañar pues incluso a mí, que la llevo viendo tantos años, aún me sigue sorprendiendo cada día que atravieso sus diagonales y me paro a mirar desde la sombra de algún soportal, semiescondido tras una columna de piedra. Joya desconocida, diría yo.
No siempre esta plaza fue así.
Volvamos a los años de la repoblacion, allá por 1170, cuando Fernando II de León quiso hacer de esta villa la vanguardia de su reino en una frontera imprecisa con la vecina Castilla que venía pisando fuerte. Entonces, tenía otro nombre, se llamaba "Plaza de las Carnicerías", y dicen que así se la conocía porque en ella se ubicaba la picota donde se ajusticiaba a los reos de delitos graves. En esa época era mucho más pequeña, irregular y tampoco había soportales.
Ha sido un acierto descubrir y dejar marcada la línea de la primera muralla, lo que permite darnos perfecta cuenta de su trazado y dimensiones.
La puerta que existía al inicio de la calle Real -frente al Banco Español de Crédito- y los lienzos de esa primitiva muralla del siglo XII desaparecieron para siempre cuando el progreso de la villa y la tranquilidad que supuso la unión con el reino castellano en 1230 ahogaron los muros adosándose a ellos barrios enteros que hacían inútiles esas defensas. Tras construirse el segundo recinto amurallado (a comienzos del siglo XIV) se vio la necesidad de ampliar la vieja Plaza de las Carnicerías, que desde sus inicios venía dominada por la imponente construcción que la orden del Templo tenía a su cargo: la iglesia de Santa María y la casa-fortaleza adosada a ella
Pero no es sino a partir de 1450 cuando empiezan a acometerse tareas en tal sentido. Se demolió la vieja muralla retranqueándose todos los linderos excepto el de la iglesia. Y, siguiendo a Calvo Lozano, es en esa época cuando comienzan a construirse las casas con soportales en el lugar que ahora las conocemos formándose una plaza completamente rectangular. En el lado de ese rectángulo donde se ubica la iglesia de Santa María del Templo (actual Ayuntamiento), los soportales fueron algo posteriores pues fue necesario un acuerdo con el Obispo de León, Domingo Manrique, para que permitiera al cabildo villalpandino construir esos portales y la casa del Ayuntamiento sobre la fachada de la iglesia. Ese permiso fue concedido en el año 1469.
Es curioso observar que muchos de los materiales que se emplearon para la construcción fueron reutilizados de otros edificios que, o bien se desmontaron o ya eran ruina por entonces. Me refiero, sobre todo, al empleo de varios troncos de columna que nada tienen que ver con el estilo y época de construcción de la plaza. Se trata de columnas retorcidas al estilo romano -no barrocas- o aquellas otras en las que se aprecian profundas muescas que servían para introducir trancos. Pienso que muchos de esos materiales pudieron haberse traido de las viejas villas romanas de los alrededores que han estado sirviendo de cantera hasta hace bien poco.
En los capiteles, son muy llamativos los blasones -todos de la misma época- de las familias hidalgas que poblaban la villa. Es una pena que la mayoría de ellos estén en un pésimo estado de conservación por la poca resistencia que ofrece a la acción de la atmósfera la piedra caliza sobre la que están hechos. También queda algún capitel con figuras zoomorfas muy interesante.
Quiero suponer que los dos escudos nobiliarios del Bar Ideal (antigua casa-fortaleza de la orden templaria) y del edificio del Banesto estuvieron siempre -de una forma u otra- en esas fachadas que miran a la Plaza. En realidad ambos escudos son prácticamente el mismo pues en ellos solo difiere el primer cuartel (los otros tres cuarteles son idénticos), lo que quiere decir que ambas familias eran parientes. Sería muy interesante seguir su rastro en la historia y descubrir qué personas reales hicieron gala de esos escudos de armas.
Por lo demás, para el que nunca haya estado por aquí, le animo a unos minutos sin prisa. Animo a todo aquel que quiera respirar el aire tranquilo de cinco siglos atras. Sólo es necesario sentarse en cualquiera de las terrazas de esta Plaza Mayor, pedir un buen caldo, alguna tapita y pararse a mirar. Si no fuera por el reloj del Ayuntamiento, parecería que el tiempo no pasa en esta plaza de villa vieja, de historias de hidalgos y frontera.
Varo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Salvar nuestro Patrimonio

He aguardado un tiempo antes de atreverme a comentar los resultados de la encuesta que aparece aún visible en el margen derecho de este blog. No me ha parecido oportuno en plena vorágine veraniega salir con canciones reivindicativas que la fiebre sanroqueña habría acallado sin contemplaciones. Ahora que el pueblo ha recobrado la calma y esa normalidad que a menudo hastía, ahora, digo, que nos planteamos cómo pasar lo más entretenido posible el invierno que se avecina, me parece el momento más adecuado para volver a la carga con esta tarea ingrata de recordarle a mis paisanos que el patrimonio de Villalpando se cae. Y no es demagogia.
Se han venido sucediendo varias noticias en el Diario la Opinión referentes al progresivo deterioro de nuestro buque insignia, la puerta de san Andrés, como la que reproduzco en este artículo. Por lo que tengo leído, parece que hay un principio de acuerdo para proceder a su consolidación, que incluye una excavación arquológica.
Pero la puerta de san Andrés es sólo la punta del iceberg, la guinda que culmina el pastel, nuestra seña de identidad, nuestra tarjeta de presentación. Es muy difícil entender Villalpando sin la puerta de san Andrés, nuestra Puerta Villa. Pero no es lo único que hay.
Me preocupa más la falta de noticias. Me preocupa enormemente el hecho de que a Santa María la Antigua y al torreón de San Lorenzo, por ejemplo, la prensa no les dedique ni una sola línea. ¿Es que a nadie le interesan? ¿Es que no son también parte de Villalpando?
Ya he hablado hasta la saciedad de su valor histórico-artístico, de su lamentable estado de abandono e, incluso, entre todos, hemos barajado posibilidades para dar un uso civil a estas edificaciones que nos identifican como pueblo. Es una tarea dura y costosa en tiempos de crisis, lo sé. Pero no por ello debe olvidarse.
Villalpando, un pueblo que contó con un rico y variado patrimonio histórico-artístico perdió a lo largo del pasado siglo una buena parte de él. Lo que queda es poco, pero bueno, y tenemos la obligación de conservarlo. Unos cuantos miles de euros para "postear" la Puerta Villa no pueden hacernos mirar para otro lado mientras el resto se viene abajo.
Yo desde aquí pongo mi granito de arena y sugiero o, mejor dicho, ruego a nuestras autoridades municipales que pongan el suyo: Consideren ustedes la posibilidad de rehabilitar dignamente nuestro patrimonio. O al menos promoverlo.
Para ello tendrían todo mi apoyo y el de todos los que votaron como "necesaria y urgente" la rehabilitación de Santa María y el Torreón de san Lorenzo, que también existen, como Zamora y Teruel.

Varo.

jueves, 1 de mayo de 2008

Salvar nuestro Patrimonio

Esta noche mi pluma ha querido ponerse en tono reivindicativo. Sin ofender a nadie, como pretendo sea mi estilo, hoy me ha parecido oportuno llamar la atención de todos quienes se asoman a esta ventana para intentar crear conciencia colectiva respecto de la lamentable situación y estado en que se encuentran los últimos vestigios de nuestro Patrimonio Histórico y Artístico: La Iglesia de Santa María La Antigua y el Torreón de San Lorenzo.
Ambos edificios son dignos representantes de nuestro pasado, estaban aquí mucho antes que todos nosotros y, por ello, tenemos la obligación de conservarlos para los que vengan cuando nosotros ya no estemos.
Respecto de Santa María La Antigua: No es ahora el momento de relatar sus excelencias arquitectónicas (que las tiene, y muchas). Simplemente es la hora de dar un destino a este sensacional edificio. Un destino civil que vendría precedido de una rehabilitación en su conjunto, incluida la colocación de una cubierta. Un edificio de estas características, rehabilitado y dedicado a actividades culturales, engrandecería Villalpando. Otros pueblos lo han hecho: Villamayor, por ejemplo. Allí, un grupo de vecinos constituido en Asociación Cultural, consiguió fondos para la rehabilitación de la Iglesia de San Esteban. Con mayor motivo se lo merece Santa María, que fue declarada monumento nacional en los años 30. Esta vieja iglesia románico-mudéjar, una vez rehabilitada, además de mostrar a los visitantes los interesantísimos frescos de las bóvedas, podría albergar el Museo Local de Villalpando respecto del cual algunos de nosotros venimos hablando. O bien, podría ser un magnífico auditorio con excelente acústica para alguna que otra actuación musical clásica, que tampoco hace daño a nadie. O incluso, un “centro de interpretación del mudéjar”. En fin, los usos a los que podría dedicarse el edificio de Santa María son múltiples y no voy a ser yo quien los establezca. Lo verdaderamente importante es su urgente rehabilitación.
Respecto del Torreón de San Lorenzo: Ya hablé de él en el artículo de mi blog titulado “Asociación Cultural de Amigos de Villalpando”. Este Torreón es la última imagen que lleva el viajero cuando abandona Villalpando: una imagen decadente. No es difícil, sin embargo, imaginarlo restaurado: completados sus remates y lazados mudéjares, de castizo ladrillo rojo. No es imposible soñar con la reparación de su preciosa escalera de caracol, absolutamente abandonada y llena de porquería ahora. Ni tampoco sería descabellado dotar a su azotea de un mirador que permitiese a los que gustan de estas cosas, por ejemplo, contemplar el pueblo desde arriba, casi a vista de pájaro. Nada de esto sería imposible porque la restauración del Torreón es cuestión de no mucho dinero. Es más una cuestión de querer hacerlo.
Nos hemos acostumbrado a ver nuestro pueblo lleno de ruinas. Al viajero que viene de Madrid y toma la carretera de Palencia se le hiela la sangre con el espíritu de la vieja Fábrica de Harinas. La Iglesia de San Miguel se observa como si la hubiesen bombardeado en la guerra civil y así hubiera quedado; el Palacio de los Condestables, enfrente, completamente arruinado y, por último, el Torreón de San Lorenzo, que es como el presumido fantasma de la decadencia... Nuestro Patrimonio, con excepciones, está en el más absoluto abandono. No acuso a nadie de ello, sólo pido que se haga algo, que se tomen medidas. Pero, me temo, nadie va a hacer nada si no somos nosotros, los villalpandinos, los herederos de ese Patrimonio, los que alcemos nuestra voz y protestemos. Vamos a quitarnos de una vez esa costumbre tan castellana de conformarnos con las migajas y las ruinas. Tenemos todo el derecho del mundo.

martes, 25 de marzo de 2008

Asociación Cultural Amigos de Villalpando



De los múltiples monumentos históricos que tenía Villalpando nos queda en especial estado de abandono el Torreón de la Iglesia de San Lorenzo, a la salida del pueblo, en la carretera de Villamayor.
Es un torreón mudéjar expléndido, al que poca atención hemos prestado los villalpandinos. Seguramente no nos hemos percatado de su valor histórico-artistico pero, si no existiese la Puerta de Villa, este torreón sería sin duda el símbolo más emblemático de Villalpando.
Por eso quiero levantar mi voz de alerta y promover desde aquí su urgente restauración.
Sería lamentable que un día nos despertáramos con la noticia de que la torre de San Lorenzo se ha derrumbado. No lo podemos consentir.
Una restauración en regla aportaría a Villalpando un punto más de interés en la ruta de cualquier viajero, una posibilidad de convertir el monumento en un centro temático del mudéjar y la forma más digna de transformar una ruina que denota la decadencia de un pueblo en una auténtica joya del pasado que nos haga sentir orgullosos.
Por estas razones me gustaría que sumáseis aquí vuestros comentarios y ya veríamos cómo nos organizamos para unir nuestras voces. Yo había pensado en formar una asociación cultural de amigos de Villalpando, o algo así. Tendría fines estrictamente de esta índole: promover la restauración de monumentos, organizar concursos literarios o de fotografía, exposiciones, alguna conferencia...
Espero vuestros comentarios.

Nota: La foto es de Natalia Redondo