domingo, 2 de agosto de 2009

CELTAS Y VACCEOS (2ª PARTE)

Tras la publicación de la primera parte de mi artículo "Celtas y Vacceos" han sido varios los correos privados que he recibido preguntándome acerca de diversas cuestiones relativas al mundo céltico; cuestiones más bien relacionadas con su modo de vida, religión, idioma, carácter, relaciones con otros pueblos...
En fin, como el tema da para mucho voy a intentar dar respuesta de forma sintética a todas ellas sin pretender ser exhaustivo, sólo divugativo, que es la intención que siempre tengo cuando escribo un articulillo en este blog.
En cuanto a la lengua:
Si bien la mayor parte de las lenguas célticas desaparecieron en el devenir de la historia, aún se conservan algunas de ellas, como el galés, gaélico irlandes y el gaélico escocés (que, por cierto, conviven en perfecta armonía con el inglés, sin imposición alguna de una sobre otra). Otras, como el córnico (hablado en la región de Cornualles -Inglaterra- hasta el s. XVIII), el Manx (o manés) hablado con normalidad en la isla de Mann hasta el siglo XIX (en 1830 lo hablaba el 30% de la población isleña; el último hablante nativo de manés o manx falleció en 1974) desaparecieron para siempre o -como el caso del Manx- está intentando ser recuperado sobre la base del empeño de los gobernantes locales que intentan refundar y reflotar el idioma sobre unos pilares más políticos que lingüisticos (algo similar a lo ocurrido en algún territorio de España). Otras, como el bretón, hablado en la península francesa de Bretaña y de grandes similitudes con el galés, están muy influenciadas por las lenguas adyacentes (el francés, en este caso) y han perdido gran parte de ese marchamo céltico que las caracterizaba.
De las lenguas célticas habladas en la Península Ibérica quedan vestigios en la toponimia, en algunas formas gramaticales utilizadas en zonas muy localizadas y en las raices de algunas palabras. Pero nada más. La romanización de la Hispania Romana fue tan fuerte que los idiomas célticos peninsulares y preexistentes cedieron a la presión del latín. Querer vincular el gallego o "bable-asturiano" con el tronco lingüístico céltico es, sin más, una exageración muchas veces interesada. Respecto de esta última, el asturiano (o bable), su procedencia es inequívocamente latina, con un lógico sustrato prerromano (palabras como "boroña", "llócara"...) y un superestrato posterior a la llegada del latín, es decir, las influencias que tuvieron lugar con posterioridad a los romanos: los germanismos aportados por la influencia visigoda (y acaso sueva), que en esta zona fue fortísima debido a la concentración de población hispanovisigoda tras la derrota de Guadalete.
No obstante, dicho lo anterior, existe más proximidad de la que podríamos suponer entre nuestros idiomas hispanos (derivados del latín) y las lenguas célticas. Éstas, al igual que el latín, proceden de un tronco "indoeuropeo" común. En este punto vienen a colación las explicaciones de Theodor Mommsen contenidas en su "Historia de Roma" (Volumen I), por quien mi catedrático de Derecho Romano, Armando Torrent, sentía auténtica devoción. Decía Mommsen que las razas indogermánicas (entre ellas, los posteriores grupos célticos) tienen su patria en la región occidental del centro de Asia. De ahí es donde han partido, unas hacia el sur (la India) y otras hacia el noroeste (Europa), pero antes de llegar a Europa permanecieron algún tiempo en en Persia y Armenia, en donde -dice Mommsen- inventaron el cultivo de la vid y el de los campos. El trigo, la espelta y la cebada son oriundos de Mesopotamia (sic). En su viaje a Mesopotamia, algún grupo como el de los helenos (griegos) y germanos se desgajó y empezó una andadura independiente. Entre otras cosas ello explica que la palabra "mar" sea similar para los idiomas eslavos (moria), latinos (mare) y célticos (mair) pues estas tres ramificaciones de pueblos indoeuropeos debieron llegar juntos -dice Mommsen- a las orillas del mar Caspio y mar Negro, mientras que para los germanos la palabra es "sea" y para los griegos "thalassa".
Por ello, insisto, los idiomas célticos y los latinos derivan de un tronco indoeuropeo común que los asimila en vocabulario y cuestiones gramaticales. La similitud es fácilmente comprobable si se hace una comparación con las lenguas no indoeuropeas (las lenguas semíticas, por ejemplo). No quiere decir esto que lenguas célticas y latinas sean hermanas. No, hermanas no, pero tal vez sí primas segundas. Llegados a este punto me gusta siempre poner un ejemplo:
- La palabra "madre": En viejo irlandés es "máthir"; en el idioma de los galos franceses: "maitres"; en latín: "mater"; en griego dorio: "máter"; en ruso "mat", lo que demuestra que la raiz de la palabra es idéntica en todas ellas.
Las lenguas célticas evolucionaron del primitivo e hipotético idioma indoeuropeo distinguiéndose por fenómenos fonéticos constantes y muy claros, por ejemplo:
- la caída de la "p" indoeuropea, ya sea inicial o media: La palabra "padre" en sánscrito es "pítar", en latín "pater", mientras que en viejo irlandes la "p" decae quedando la palabra "athir". O la palabra "cerdo": "porcus", en latín y "orc" en gaélico.
- la "e" indoeuropea se transforma en "i" en céltico: La palabra rey: en latín es "rex" en céltico "rix" (De ahí el nombre de muchos reyes galos: Vercingetorix, por ejemplo).
En cuanto al modo de vida de los celtas:
Centrándome en los Vacceos, que son los que me tocan de cerca, diré que Schulten supone una población de 320.000 habitantes para el territorio vacceo (cuenca del Duero medio), lo que significa una elevada densidad de población para el territorio vacceo si tenemos en cuenta que con anterioridad a la llegada de los romanos todos los habitantes de la Península no superarían los 3.000.000 de habitantes (en este mismo sentido se pronuncia Federico Wattemberg, autor de un genial estudio titulado "La Región Vaccea, Celtiberismo y Romanización en la Cuenca Media del Duero", que, por supuesto, tengo en mi biblioteca). A esta elevada densidad de población contribuyó "la riqueza y fertilidad del suelo para mantener una población cuya ocupación principal era la agricultura" (F. Wattemberg). El hábitat rural parece haber sido disperso por las menciones que hace Apiano al relatar las campañas de Lúculo contra Intercatia y Cauca. Junto a las aldeas se disponen los campos de cebada y trigo (de lo que se aprovecharon los romanos). Caballos, bueyes y carretas eran "elementos auxiliares del campesino" (cito a Frontino). "Estos campesinos no debieron de tener dentro del sistema colectivista agrario de los vacceos muchas posibilidades de explotación de modo aislado. Hay diferencia entre las poblaciones del norte del Duero con las del sur. Las del sur, por imposición del medio natural, tuvieron mayor dedicación a la vida nómada pastoril y agricultura itinerante, por lo que sus viviendas debieron de ser cabañas o abrigos en los bordes de los páramos, junto con la persistencia de de habitaciones rupestres." (Wattemberg, obra citada). Sigue diciendo este autor que el hábitat rural vacceo vendría compuesto por una multitud de pequeños castros, rodeados por fosos, defendidos con cepos y murados con tierra y adobe (la piedra es escasa). Al foso le suple el río o el arroyo. Las casas en un principio fueron redondas y después rectangulares (Soto de la Medinilla, Valladolid). Los muros interiores se pintan de rojo y junto a ellos se disponen bancos corridos. Estas casas, por tanto, son similares a las de los castros lusitanos o gallegos. El ajuar doméstico se compone de herramientas enmangadas con asta de ciervo o hueso, hoces, azadas estrechas... En el interior de la casa hay grandes vasijas para granos o bebidas y -muy curioso- piedras de río redondeadas, del tamaño de dos puños, para cocer los alimentos o bañarse al vapor (sauna), como atestigua Estrabón respecto de los lusitanos que habitaban junto al Duero. Hay también en las casas lechos de paja y sagos, husos para hilar lana y pesas de telar. Posiblemente, la decoración mural de las casas se componía de símbolos geométricos y tallas de madera. De la magnificencia de las ciudades vacceas (Intercatia, Pintia, Arbucala, Amallóbriga, Pallantia...) ya he hablado en otros artículos de este blog.
Respecto de las relaciones comerciales de los vacceos con otros pueblos celtas o ibéricos e incluso griegos, están más que acreditadas por las evidencias arqueológicas. Se sabe que los vacceos intercambiaban cereales y lana por armas y hierro con los celtas astures y cántabros. De hecho, uno de estos centros comerciales de primer orden estuvo ubicado en la localidad palentina de Palenzuela (carretera de Burgos, último pueblo). Sabedor de su importancia estratégica, Escipión se dirigió contra ella en su campaña contra los vacceos, posterior a la de Lúculo. Precisamente, son estas relaciones comerciales (intensas) con los pueblos ibéricos del oeste peninsular lo que acentúa la "celtiberización" del pueblo vacceo, según Wattemberg, lo que significa un progresivo abandono de las tradiciones y cultura genuinamente célticas.
Otro aspecto que quiero destacar aquí es el de la religión para centrarme en la figura del "Druida".
La religión céltica se basaba en una cosmogonía en la que las almas eran un capital circualante, quiere esto decir que por cada hombre o mujer que moría había otro que nacía. Personificaban las fuerzas de la naturaleza en deidades como "Brith", diosa de la fertilidad o "Lugh", guerrero, mago, sabio y maestro de todas las técnicas. Existían celebraciones periódicas dedicadas a estas deidades que, más tarde, la iglesia cristiana hizo suyas. Es el caso de "las candelas", fiesta de origen pagano dedicado a Brith.


Respecto de los druidas, he encontrado autores que niegan la existencia de una cultura druídica en los celtas hispanos reservando este término sólo para celtas galos y britanos. Sea como fuere, el druida era un personaje que no se limitaba a ejercer las funciones de sacerdote relgioso, sino que además ostentaba funciones de pedagogo, chamán y, lo que es más importante, era el depositario de la tradicción oral. Por Plinio el Viejo sabemos que los druidas vestían de blanco, presidían sacrificios taurinos y cortaban el muérdago con hoz de oro. Veneraban a ciertos árboles sagrados, como el roble, el tejo, el avellano... Julio César (en "De Bello Gállico") y Posidonio hablan de los druidas refiriéndose a ellos como filósofos. Fueron proscritos por el Senado y por los emperadores romanos desde los inicios de nuestra era (Tiberio, año 54). Su último bastión fue la isla de Anglesey, junto a Gales, invadida por el general romano Suetonio Paulino en el año 60 d.C, quien destruyó el santuario y las arboledas sagradas. En el año 78 Julio Agricola la incluyó definitivamente en el imperio romano llamándola isla "Mona", por eso hoy en día a la isla se le llama en galés Ynys Môn.
Para finalizar, me voy a referir a los "últimos celtas".
Absorbida la cultura celta -al menos en parte- por la civilización romana y producidas las invasiones germánicas en las postrimerías del imperio, los únicos celtas que permanecieron libres y lograron formar una unidad política más o menos estable fueron los celtas del norte de Escocia, reino que primeramente se llamó "Alba", fundado por celtas pictos y escotos (de ahí viene la palabra Scotland: land of scots-->tierra de Escotos, provinientes de la vecina Irlanda). Los romanos habían renunciado tiempo antes a su conquista y por ello, para defenderse de sus incursiones construyeron al norte de la isla una gran muralla que la dividía en dos: es el muro de Adriano. Pictos y escotos fundaron este reino a comienzos de la edad media como una reacción al pillaje y las invasiones normandas (vikingas). Pasado el peligro vikingo y devueltas a Escocia las pequeñas islas que rodean Escocia (isla de Mull, Lewis...) el reino escocés se convirtió al cristianismo (San Columbano) sufriendo una progresiva influencia inglesa y tras diversos avatares se incorporó a la corona británica. La unión definitiva con Inglaterra vino tras la batalla de Culloden, en el siglo XVIII. En esa época están ambientadas novelas tan interesantes como "El Señor de Ballantry" o "Rob Roy". Y en esa época, también, podemos dar por finalizados a los últimos celtas históricos.
Bien. El tema sigue dando para mucho, pero hoy voy a terminar aquí. Tal vez publique un tercer artículo si veo que la cuestión sigue suscitando interés.
Un saludo para todos los que hayan llegado hasta aquí.
Varo.
Nota: Las fotos corresponden a libros que me han servido -además de otros que no muestro- para la redacción de este artículo. Las otros dos fotos corresponden a reproduciones que he adquirido en Escocia y Galicia.

viernes, 10 de julio de 2009

CELTAS Y VACCEOS

Como todo el mundo trata de buscar unos orígenes en su pueblo o región que lo diferencien del resto, hoy voy hablar yo aquí de los orígenes celtas de mi tierra, y no para poner el énfasis en el hecho diferencial sino en la relatividad de muchos de estos distingos.
Los celtas son originarios de la Europa Central y su aparición en la historia es, como casi siempre, difusa. Los historiadores griegos Herodoto y Hecateo de Mileto hablan de ellos en torno al siglo V a.C , pero se sabe que ya un siglo antes las talasocracias griegas y fenicias comerciaban con los celtas asentados en las costas atlánticas. De ellos, de los marinos griegos, parece ser que llegaron las primeras noticias de su existencia. En este sentido, Avieno -poeta latino del siglo IV d.C) utilizando textos griegos del siglo VI a.C los ubica en las costas atlánticas y en la Europa transalpina. También Éforo de Cime, historiador griego, situaba al Noroeste del "Mundo" una gran Céltica. Estamos todavía en la primera Edad de Hierro (cultura de Hallstat, alrededor del año 650 a. C).

Lo que sí está claro es que las diversas etnias célticas comienzan una serie de movimientos migratorios por todo el continente europeo, movimientos en diversas direcciones que les llevarán hasta las islas británicas, España, los Balcanes e incluso Turquía.
Respecto de su llegada a Hispania, hay dos corrientes contrapuestas que sitúan su llegada -una- en los momentos a que me he referido anteriormente, es decir, en plena Primera Edad del Hierro (Hallstat C y D). La otra corriente dice que no puede hablarse de celtismo en la península Ibérica antes del 500 a.C., es decir, una vez inicidada la Segunda Edad del Hierro (también llamada cultura de La Tène). Es en esta Segunda Edad del Hierro cuando los autores situan la llegada de los celtas al norte de Italia culminando su ocupación del norte y centro de Francia e Islas Británicas. Sea como fuere, lo cierto es que la evidencia arqueológica demuestra que los celtas hispanos son de cultura propiamente "Lateniana", es decir, de la Segunda Edad del Hierro, lo cual no impide que nuevos descubrimientos arqueológicos demuestren que también hubo grupos célticos "hallstáticos" es decir, de la Primera Edad del Hierro.
Según el historiador Adolf Shulten, las tres grandes tribus célticas de la Celtia hispánica son tres: Cempsos, Saefes y Beribraces. Por las descripciones que hace Avieno en su Ora Marítima, los Saefes debieron de ser los ocupantes de la región media del Duero y parte de ellos se establecen también en la región gallega. Tienen como vecinos, por el norte, a los "Ligures".Los beribraces son otra tribu céltica que ocuparía el territorio correspondiente después a los celtíberos, es decir, la meseta oriental hasta las proximidades de la región valenciana. Tienen como vecinos, por el sur, también a los Ligures. Para Shulten, los Cempsos serían idénticos a los "campsianos" que Estrabón cita como tribu germánica del mar del Norte. Eran del grupo étnico de los Belgas y parece ser que se ubicaron en la zona de Extremadura y bajo Tajo portugués. También son vecinos de los pueblos Ligures. Menciono a los Ligures porque según Shulten este pueblo, originario de Africa, ya estaba aquí cuando llegaron los Celtas y formará un sustrato poblacional indígena que entrará a formar parte de la cultura y civilización célticas dando un "toque" característico a los celtas hispanos..
Para la mayoría de los autores, la llegada de estas tres tribus a la Península Ibérica fue escalonada, en oleadas sucesivas, y no de forma conjunta. Así lo creo yo también. Pero en lo que no se ponen de acuerdo estos autores es en el momento concreto que esta llegada se produce.
Tras su asenntamiento en las zonas anteriormente citadas y a la llegada de los romanos, la "Celtia" hispana se compone de un mosaico de tribus que carecen del sentimiento de nación, entre las que podemos citar a galaicos, astures, cántabros, lusitanos y vacceos; pueblos asentados, todos ellos, en el noroeste hispano.
La región vaccea aparece como una cristalización de relaciones en las que las tradiciones culturales celtas se estrechan con las condiciones del medio. Las primeras noticias que tenemos de los vacceos datan del siglo II a.C. Se deben a Polibio que describe la campaña de Aníbal hasta la meseta con la toma de Helmántica (Salamanca) y Arbucala (Toro). También Apiano habla de los vacceos al narrar la campaña de Lúculo (año 151 a.C). Diodoro habla del colectivismo agrario de los vacceos diciendo de ellos que es el pueblo más culto de los que están vecinos a la Celtiberia.
El nombre de los vacceos procede de la raíz Vac- y del sufijo -ca. La raiz Vac- es de origen celta y tiene afinidad con el nombre de los vecinos orientales, los Arevacos (que vivían en Arava -Álava-), o con el de los Bellovacos (situados en la Galia). Los Vacceos recibieron su nombre de un jefe de clan llamado Vaccius.
De su contacto con Roma ya he hablado ampliamente en otros artículos de este blog al tratar el tema de "Intercatia-Villalpando"-, por lo que me remito a ellos. Sólo diré que tras las campañas de Lúculo y Escipión que doblegan la independencia de las ciudades vacceas, éstas se integran de forma total en la constelación de ciudades que componen el imperio romano, romanizándose y contribuyendo como nadie a la gloria del Imperio.
Los cántabros y astures fueron los últimos celtas hispanos en caer, en los albores de la era cristiana. En las guerras cántabras y contra los astures, nuestra zona tuvo gran importancia y conservamos vestigios como Petavónium (Rosinos de Vidriales) donde se encuentra parcialmente recreado el campamento romano que albergó a la Legión X Gémina y Ala II Flavia. O las mismas bodegas de Villamayor: El "castro" ya estaba habitado en la época vaccea.
Con la romanización se construyen calzadas y el intercambio cultural entre los pueblos celtas y romanos es grande. Los romanos, por ejemplo, adoptan la espada corta utilizada por aquellos: es el "gladio". Pero diferentes razones como una supuesta superioridad cultural y, cómo no, la razón de la fuerza (que siempre es muy poderosa) hacen que el mundo celta se vaya diluyendo en las formas romanas, desapareciendo, por ejemplo los idiomas célticos en favor del latín, como lengua vehicular al menos entre la gente de mayor nivel cultural y, sobre todo, a nivel oficial.
Los griegos llamaron Keltoi a los celtas. Sin embargo, los romanos les llamaron "Galos". De ahí el nombre de Galia, Galicia, Gales o Galacia (ésta última ubicada en el interior de Turquía y fundada por los celtas -o galos- que fueron rechazados cuando intentaron tomar Delfos, en Grecia. San Pablo la visitó en el siglo I d.C y ahí su "Carta de San Pablo a los Gálatas".
En los años finales del imperio romano, una última oleada céltica se produjo en la península Ibérica cuando anglos, jutos y sajones asedian las islas británicas haciendo que su población celta huya al continente buscando refugio. De hecho, las mayores evidencias del celtismo asturiano y gallego hay que buscarlo en este momento y no antes.

Tenemo múltiples topónimos que recuerdan la época celto-vaccea: Castrum Viride (Castroverde), Castrum Gundisalvo (Catrogonzalo)... Así llamaron los romanos (castrum) a los nucleos poblacionales celtas ubicados en la cima de un teso, rodeados de un muro circular ("Cultura Castreña"). La palabra pasó al latín para significar "campamento" siempre de forma rectangular -como el de Petavonium- y perfectamente diseñado alrededor de sus calles principales: cardo y decumana.
En fin, el tema daría para mucho más, pero a estas horas de la noche tal vez lo mejor sea dejar para un segundo artículo otros aspectos de quienes fueron nuestros antepasados: los celtas vacceos.
Varo.

sábado, 6 de junio de 2009

Villar de Fallaves (In my heart)

Perdónenme ustedes si alguna vez me pongo sentimental. No es intención mía tocar la fibra sensible de los que se asoman a este blog, ni pretendo recurrir a la evocación fácil de los años vividos hace tiempo, aquellos años de los que solemos siempre guardar únicamente lo mejor.
El caso es que hoy necesito hacer un esfuerzo en la memoria pues desde hace tiempo me viene rondando la idea de hacer un pequeño homenaje al lugar que conoció al niño que fui: Villar de Fallaves.
Así es. Mis primeros recuerdos están allí, junto a un camino empedrado. Un camino que vi convertirse en carretera cuando las máquinas pusieron brea y alquitrán sobre sus piedras blancas de aristas cortantes. Para alegría de mi padre, aquel suceso nos unió definitivamente con el mundo.

No voy a alardear de la dureza de aquellos años sin agua corriente en casa, de electricidad a 125 voltios con continuos cortes de suministro, sin calefacción en unos inviernos terribles que me provocaban constantes "sabañones"...


Pero sí quiero hablar de mis idas y venidas al caño, a recoger agua para casa, con mi madre, con mis hermanos, con Juli... Recuerdo el pilón junto a la fuente... Mientras yo llenaba un cántaro un labrador abrevaba sus mulas tras una jornada de trabajo....
Y no puedo silenciar a mis amigos: Carlos, el de Gabino; Javi, el de Tella; el otro Carlos, el de Gilda; Manel, Chuchi, Miguelito, Toñito... Con ellos corrí mis primeras aventuras descubriendo ese río "inmenso" llamado Valderaduey, como un Tom Sawyer de Tierra de Campos...


Tengo grabados algunos recuerdos de la tienda de Joaquina; del baile de la Cayaya; del fuego en casa de La Rubia; de doña Vale; del Renault 4-L de Miguel del Castillo siempre aparcado junto al Renault 8 de mi padre; de las nevadas invernales; de don Felipe, el maestro, que venía a diario desde Fuentes de Ropel en un ciclomotor; de la estufa de hierro en medio de la escuela; del mes de Mayo y las flores; del señor Leandro, el barbero, que ayudó a traer al mundo a mi hermano porque "se adelantó"; y sobre todo, de doña Milagros, la maestra; sobre todo porque ella es mi madre...

Y cómo no voy a hablar de la iglesia. La iglesia de San Vicente Mártir era el centro neurálgico del pueblo. Su torre gótica, esbelta como ninguna, presidía al igual que un coloso sin habla la vida diaria de la villa y de todos sus acontecimientos, grandes o pequeños. Recuerdo cuando vino el Obispo a las confirmaciones... Debió de ser a finales de los sesenta...


Sus puertas se abrían cada domingo bajo el arco de piedra y su naves se llenaban por completo a la hora de la misa mayor. Me asustaban sus gárgolas que vomitaban ríos de agua cada vez que llovía. Pero me fascinaba aún más contemplar las delicadas formas de aquel pórtico de piedra...
Un día la iglesia se cayó, por segunda vez en su historia. Y aunque actualmente se ha rehabilitado para el culto, la majestuosidad de aquella iglesia gótica y renacentista que conocí ya sólo queda en la memoria de los que vivimos aquellos años tan cerca de ella. Como tantas otras cosas.



Varo.

(Dedicado a mis padres que en Villar de Fallaves vivieron, probablemente, los mejores años de su vida, cuando eran jóvenes.)







domingo, 3 de mayo de 2009

La Plaza Mayor de Villalpando (cinco veces centenaria)

Al igual que todos los caminos llevan a Roma, también todas las calles de la villa llevan a ella, a la Plaza Mayor de Villalpando.
Situada en el corazón de su casco urbano, esta plaza típicamente castellana (y leonesa) sorprende a cuantos visitantes se acercan por primera vez. No es de extrañar pues incluso a mí, que la llevo viendo tantos años, aún me sigue sorprendiendo cada día que atravieso sus diagonales y me paro a mirar desde la sombra de algún soportal, semiescondido tras una columna de piedra. Joya desconocida, diría yo.
No siempre esta plaza fue así.
Volvamos a los años de la repoblacion, allá por 1170, cuando Fernando II de León quiso hacer de esta villa la vanguardia de su reino en una frontera imprecisa con la vecina Castilla que venía pisando fuerte. Entonces, tenía otro nombre, se llamaba "Plaza de las Carnicerías", y dicen que así se la conocía porque en ella se ubicaba la picota donde se ajusticiaba a los reos de delitos graves. En esa época era mucho más pequeña, irregular y tampoco había soportales.
Ha sido un acierto descubrir y dejar marcada la línea de la primera muralla, lo que permite darnos perfecta cuenta de su trazado y dimensiones.
La puerta que existía al inicio de la calle Real -frente al Banco Español de Crédito- y los lienzos de esa primitiva muralla del siglo XII desaparecieron para siempre cuando el progreso de la villa y la tranquilidad que supuso la unión con el reino castellano en 1230 ahogaron los muros adosándose a ellos barrios enteros que hacían inútiles esas defensas. Tras construirse el segundo recinto amurallado (a comienzos del siglo XIV) se vio la necesidad de ampliar la vieja Plaza de las Carnicerías, que desde sus inicios venía dominada por la imponente construcción que la orden del Templo tenía a su cargo: la iglesia de Santa María y la casa-fortaleza adosada a ella
Pero no es sino a partir de 1450 cuando empiezan a acometerse tareas en tal sentido. Se demolió la vieja muralla retranqueándose todos los linderos excepto el de la iglesia. Y, siguiendo a Calvo Lozano, es en esa época cuando comienzan a construirse las casas con soportales en el lugar que ahora las conocemos formándose una plaza completamente rectangular. En el lado de ese rectángulo donde se ubica la iglesia de Santa María del Templo (actual Ayuntamiento), los soportales fueron algo posteriores pues fue necesario un acuerdo con el Obispo de León, Domingo Manrique, para que permitiera al cabildo villalpandino construir esos portales y la casa del Ayuntamiento sobre la fachada de la iglesia. Ese permiso fue concedido en el año 1469.
Es curioso observar que muchos de los materiales que se emplearon para la construcción fueron reutilizados de otros edificios que, o bien se desmontaron o ya eran ruina por entonces. Me refiero, sobre todo, al empleo de varios troncos de columna que nada tienen que ver con el estilo y época de construcción de la plaza. Se trata de columnas retorcidas al estilo romano -no barrocas- o aquellas otras en las que se aprecian profundas muescas que servían para introducir trancos. Pienso que muchos de esos materiales pudieron haberse traido de las viejas villas romanas de los alrededores que han estado sirviendo de cantera hasta hace bien poco.
En los capiteles, son muy llamativos los blasones -todos de la misma época- de las familias hidalgas que poblaban la villa. Es una pena que la mayoría de ellos estén en un pésimo estado de conservación por la poca resistencia que ofrece a la acción de la atmósfera la piedra caliza sobre la que están hechos. También queda algún capitel con figuras zoomorfas muy interesante.
Quiero suponer que los dos escudos nobiliarios del Bar Ideal (antigua casa-fortaleza de la orden templaria) y del edificio del Banesto estuvieron siempre -de una forma u otra- en esas fachadas que miran a la Plaza. En realidad ambos escudos son prácticamente el mismo pues en ellos solo difiere el primer cuartel (los otros tres cuarteles son idénticos), lo que quiere decir que ambas familias eran parientes. Sería muy interesante seguir su rastro en la historia y descubrir qué personas reales hicieron gala de esos escudos de armas.
Por lo demás, para el que nunca haya estado por aquí, le animo a unos minutos sin prisa. Animo a todo aquel que quiera respirar el aire tranquilo de cinco siglos atras. Sólo es necesario sentarse en cualquiera de las terrazas de esta Plaza Mayor, pedir un buen caldo, alguna tapita y pararse a mirar. Si no fuera por el reloj del Ayuntamiento, parecería que el tiempo no pasa en esta plaza de villa vieja, de historias de hidalgos y frontera.
Varo.

sábado, 11 de abril de 2009

LA PROMESA (Cuento Gótico)

Las campanas de la villa sonaban como cada tarde, a las ocho en punto, preludiando el inminente cierre de las puertas. A esa hora, también, se dispensaban los últimos oficios en la capilla de Nuestra Señora, dentro de la vieja parroquia de Santa María. Fabián de Leiros era consciente de ello y por eso cruzó raudo el portón de San Miguel, junto al castillo, penetrando en la ciudad aún sabiendo que finalizadas las vísperas ya no sería fácil llegar a la posada de Olleros, extramuros de la villa.
Pero a Fabián de Leiros no le importaba. Esa tarde debía estar en aquella capilla pues así lo tenía dispuesto.
Enfiló con elegancia la calle de la Soledad, como su condición de hidalgo lo exigía, y cuando alcanzó la plaza de San Isidro alzó su mirada comprobando que allí seguía, impertérrita, la vieja torre mudéjar de Santa María, en el mismo lugar que la había dejado cuatro años atrás.
Fabián de Leiros, hidalgo de Ribadavia, venía para cumplir una promesa.
.........................
Así rezan los primeros párrafos de un relato breve que acabo de terminar. Esta vez no voy a publicarlo en el blog sino que me gustaría hacerlo en papel, junto con otros cuentos.
La historia está ambientada entre los siglos XVI y XVII, en la villa de Villalpando, pero cualquiera que no haya estado nunca allí puede leer sin problemas este relato y disfrutarlo tanto como los mismos villalpandinos. Es la primera vez que recurro a lugares que me son tan cotidianos.
Muchos de los personajes que aparecen forman parte de la historia. Otros, se quedan a mitad de camino o son, sin más, pura invención. No he querido hacer un relato histórico ni un ensayo académico sobre la época, sólo he pretendido hacer un cuento, un cuento serio.
En la foto tomada en el convento de Clarisas de San Antonio de Padua aparece la lápida de doña Ana María de Urueña, una de las personas a las que aludo en esta historia.
Varo.

domingo, 29 de marzo de 2009

Muerte Dulce

Tengo al lado del portátil cuatrocientos folios mecanografiados, a doble espacio. Efectivamente, se trata de la última novela de mi amigo, el escritor Félix González Modroño, titulada "Muerte Dulce".
Hace casi un mes me la envió en un email, aún sin publicar, para que me la fuera leyendo. "Ahí la llevas", me decía en su carta, como si fuera el propio Fernando de Zúñiga quien me la remitiera.
Pues bien, ya la he terminado.
Primero, Félix, te doy las gracias desde aquí, desde mi ventana pública. Te doy las gracias por haberme confiado el fruto de tu trabajo antes que a nadie (o casi nadie), por saberme dentro de ese círculo tuyo tan próximo de personas que te importan y que nos importas. Sinceramente te diré que ha sido un placer disfrutar, casi en exclusiva, de tu nueva entrega.
Como la novela no sale publicada hasta dentro de unos días, nada voy a desvelar ahora de ella, salvo decirles que me ha encantado. Supongo que todos ustedes lo comprenderán.
Simplemente quería dejar anunciado que el próximo 11 de abril de 2009, día de Sábado Santo, a las 8 de la tarde, tendrá lugar la primera presentación oficial de esta novela, en el salón de actos del Ayuntamiento de Villalpando. Y seré yo quien lo haga.
Varo.

martes, 17 de febrero de 2009

Villalpando en el Catastro de Ensenada (2ª Parte)

Desde hace ya un tiempo tenía prometida esta segunda y última parte sobre mis conclusiones relativas al documento conocido como "Catastro de Ensenada", en lo que a Villalpando se refiere. La verdad es que me viene dando pereza la lectura de esa letra semigótica y redondilla, llena de abreviaturas y alguna que otra palabreja que se me escapa... Para colmo de males, el crío me ha extraviado la lupa...
Pero como lo prometido es deuda y como sarna con gusto no pica, ahí van estas últimas concluisiones, alguna de ellas demoledora y desmitificadora, como me atrevería a calificar.
Y la primera cuestión que entro directo a examinar es el tema de LA POBLACIÓN en el Villalpando de 1754:
En el documento se dice textualmente por nuestros antepasados lo siguiente (en cursiva): "A la pregunta veynteyuna dijeron quenestta rreferida villa tiene trescientos y treintta vezinos con la advertenzia que dos viudas componen un vezino, y en las casas de Valdeiunco, del Valle y la Dehesa ay ottros tres vezinos."
Tras leer esta manifestación, lo primero que nos llama la atención es la cifra de 330 vecinos (o familias, que no es exactamente lo mismo, pero para entendernos). Naturalmente, esa cifra no equivale a 330 habitantes. Por eso, tenemos que determinar cuántos habitantes se corresponden por vecino. Y en esto hay unanimidad absoluta. Todos los autores afirman que, en esa época, un vecino equivale a 4-5 habitantes, según la zona. Quiere esto decir que la familia tipo se componía del "paterfamilias", la esposa de éste y una media de 2-3 hijos (eran los llamados "almas de comunión"). Naturalmente que había familias con un número mucho mayor de hijos, pero también las había sin ellos y la mortalidad infantil hacía auténticos estragos. Por eso se fija -sin discusión, insisto- en 4-5 personas el número de miembros que componían una familia (o vecino) Si tomamos la cifra mayor, es decir, si consideramos que la media de las familias villalpandinas era de cinco miembros por familia, las cuentas salen rápido: 330x5=1.650 habitantes. El hecho de que cada dos viudas haya que computar un vecino y que en las casas del Valle, la Dehesa y Valdehunco haya otros tres vecinos no distorsiona significativamente la cifra real de 1600-1700 habitantes en el Villalpando de 1754, prácticamente como ahora.
Benavente, sin embargo, mucho más grande ya entonces que nuestro pueblo, contaba, según el Catastro con un total de 717 vecinos, es decir, su población era de 3.585 habitantes, algo más del doble que la de Villalpando.
En apoyo de todo lo anterior, diré que también el Catastro de Ensenada dice -en la respuesta nº 22- que nuestra villa cuenta con 363 casas, de las cuales 324 son habitables. Los números cuadran casi a la perfección: 330 vecinos para 324 casas habitables.
Con todos estos datos deberíamos quitarnos de la cabeza esas historias que hablan de un Villalpando antiguo con 10.000 habitantes. Jamás se alcanzó esa cifra en nuestra historia antigua, ni la mitad, ni la cuarta parte, casi con seguridad. El estudio de la población de Villalpando a lo largo de su historia será objeto de un artículo específico que publicaré más adelante, en este blog. Por último, diré que la población de toda España (sin incluir colonias) era entonces menor a 10.000.000 de habitantes.




Otro capítulo interesante que nuestros antepasados describieron pormenarizadamente es el relativo a los BIENES DEL CONCEJO:
La impresión que he sacado al leer este apartado es que nuestro Concejo, nuestro Ayuntamiento, era, más bien, rico. Describo, a continuación, un listado de bienes propiedad del concejo y las rentas que de ellos se obtenían (o que podrían obtenerse si se arrendaran):
- Varias casas en la plaza, algunas con "avistamientos" (¿locales comerciales?): 33 reales, cada una.
- Panera en la "colación" de Santiago (junto a la vieja iglesia de Santiago): 66 reales de renta.
- Monte Raso de la vereda de Madrid, de 2.334 yeras: 6.000 reales de renta.
- Teso de las Vacas (1.749 yeras): Estaba sin arrendar.
- Prados al Herbazal, a San Julián, a Entreríos, a Castrillo: 300 reales cada uno.
El Concejo era titular, también de varias fincas rústicas de labor y eras que omito para no cansar.
Otra fuente de ingresos del Concejo, tan importante como la anterior, eran los derechos de los que éste era su titular. Así por ejemplo:
- Derecho de espigueo: se les cobraba a los ganaderos 5.300 reales al año.
- Derecho del Peso en las tiendas: 150 reales
- Derecho de Peso de lana: 150 reales
- Aprovechamiento de ribera: 150 reales
- Derecho de cuarto fiel medidor: (sin cargo)
También se describen muy pormenorizadamente las CARGAS DEL CONCEJO, de las que voy a citar sólo algunas:
- 440 reales de la fiesta de la Concepción.
- 130 de la Candelaria
- 760 del Corpus
- 480 de San Roque (parece que el Ayuntamiento se gastaba más dinero en otras fiestas en aquella época)
- 400 reales de la novena de Nuestra Señora de Emisfeliz.
- 120 reales de papel sellado.
- 120 para el que toca "La Queda".
- 750 reales de un censo que había que pagar al convento de San Antonio de Padua.
- 88 reales del abogado.
- 8 reales para el predicador que da los sermones en Cuaresma.
- 150 para la matrona del pueblo.
- 300 reales para el maestro
- Otros 300 reales para un guarda de los plantíos.
- 66 reales de un refresco que da el Ayuntamiento
- 69 reales a la Mesta
- 696 reales de un foro que hay que pagar al Duque de Frías.
- 50 reales para el mensajero que va a Madrid a llevar los nombramientos.



En relación al SECTOR SERVICIOS:
Dice el Catastro que no hay tabernas y que el vino que se consume se vende directamente por los cosecheros en sus casas. Sin embargo hay 5 mesones, a los que se les calcula unas ganancias de entre 450 a 650 reales. Hay tres joyerías, una carnicería y una abacería (tienda de ultramarinos). Sin embargo, indica el catastro que no hay panaderías, "por venir de fuera a venderse". Las dos tahonas que sí existen sólo cuecen para casa.
También existe una Casa-Hospital, "que sirve para refugio de pobres y enfermos que se acogen en ella".
No contaba Villalpando con cambista mercader (banqueros), pero sí con un médico, un cirujano, tres sangradores, un notario, boticario, 3 escribanos, un abogado, maestro, estafetero, confitero, carpinteros, varios tejedores, demandadero, arrieros y sacristán. También existía un Administrador del duque de Frías que vivía de continuo en la villa. De todos ellos se indica con gran precisión sus nombres y apellidos y a cuánto ascendían sus sueldos y rentas. A la pregunta 34 nuestros antepasados respondieron que no había en Villalpando ningún artista.
En relación a los JORNALEROS de la villa, se dice que "es muy corto su jornal pues en tiempo de invierno se les paga a real y medio (el día), y en verano dos reales y de comer". Se calcula una ganancia anual de 275 reales para el "servicial" (jornalero) que más gana de todos los existentes en la villa.
Son muy curiosas las referencias que se continen en los últimos páginas del documento. Por ejemplo, en la respuesta que nuestros ancestros dan a la pregunta número 36, estos contestan así (textualmente): "Ala pregunta treinta y seis dijeron que enesta rreferida villa no hay pobres que pidan limosna, sin envargo de haver muchos que no tienen vienes muebles ni rraices algunos y estos se mantienen con su sudor y travajo personal"
También consta en el documento que había 23 clérigos, incluidos dos canónigos de León y un monje benito "que es cura párroco de la iglesia de San Lorenzo".
Existen en 1754, fecha del Catastro, tres conventos en Villalpando: dos dentro del casco urbano y otro cerca de sus muros (San Francisco), con 16 monjes. Respecto de los dos conventos que estan en el interior de la villa, uno es el de Santo Domingo, con 14 religiosos y el otro es "de religiosas franciscas de la orden de nuestra santa madre Santa Clara que tiene actualmente veinticinco religiosas, las veinte de velo entero y las cinco restantes legas".
Pues bien. Aquí terminan las respuestas que los villalpandinos dieron al interrogatorio real. Tras su lectura podemos sacar una fotografía del Villalpando de 1754. En mi opinión se trata de la fotografía de una villa venida a menos, escasa o carente de muchos servicios básicos, cargando con la enorme losa que suponían los pechos y foros que los villalpandinos debían a su señor, el duque de Frías, y soportando una elevada población jornalera que vivía con escasos recursos (carne de emigración, por tanto).
Pero tampoco podemos soslayar que Villalpando constituía ya entonces el centro de una pequeña comarca a la que proporcionaba otro tipo de servicios como notarías, abogados, médicos, cirujanos, matronas, joyerías, sastres. Muchos de ellos, en nuestros días, aún los sigue prestando.

Varo.

Nota: El personaje del cuadro es el rey Fernando VI.