miércoles, 30 de junio de 2010

Sin complejos


Vuelvo a pedir disculpas por estas ausencias mías. Quien me conoce sabe que no es mucho el tiempo libre de que dispongo y que sí son unas cuantas las aficiones que me distraen. Por si fuera poco, el nene me reclama cada vez más y me toca de vez en cuando echar algún partidillo de fútbol o llevármelo de paseo con la bici. Lástima que el día no tenga un par de horas más.
No obstante, hoy quiero hablar aquí de algo que ha caído en mis manos. Se trata de una edición facsímil de la HISTORIA GENERAL DEL MUNDO, publicada en varios volúmenes a partir del año 1601. Su autor: Antonio de Herrera y Tordesillas, Cronista Mayor de Felipe II y Felipe III.
Se relatan en esta obra los principales acontecimientos ocurridos durante el reinado de Felipe II desde 1554, año de su matrimonio con la reina de Inglaterra, María Tudor, hasta la muerte de aquel en 1598. Al comienzo del tratado el propio Herrera dice qué va a narrar en su obra: "tumultos, rebeliones, sediciones, traiciones, levantamientos, guerras de pueblos, presas de ciudades, expugnaciones de fortalezas y castillos, sacos de lugares, incendios, treguas, conciertos, roturas de paces, matanzas de gentes, muertes de príncipes..." Y todas estas cosas ocurren en lo que en aquella época era "el Mundo", es decir, España y sus áreas de influencia: Túnez, Tartaria, Persia, Islas Salomón, Santo Domingo, El Dorado...
Entre todos esos volúmenes me estoy centrando en el libro cuarto, el que trata de las escaramuzas entre ingleses y españoles durante la Guerra de Flandes. Tirando del hilo he descubierto personajes históricos interesantísimos como, por ejemplo, Bernardino de Escalante, de quien ya tengo sus "Discursos al Rey y sus Ministros" (curiosamente debo decir que los he conseguido online en una librería de Nueva York, aquí están agotados desde hace tiempo).
Todo este material y algunas visitas a Simancas me han proporcionado el punto de partida y la base histórica de una nueva historia, larga esta vez, que ya tengo comenzada desde hace algo más de dos meses. Pues sí, es una historia ambientada en el reinado de Felipe II, cuando España era un país respetado y respetable y no un contubernio de bufones. La verdad, no me pongo colorado cuando hablo de Felipe II. Ya sé que algunos pronuncian su nombre a media voz, casi susurrando y que muchos de los que manejan el cotarro por gusto lo suprimirían de los libros de historia en un malentendido acto de "higiene democrática". Y hasta devolverían Menorca a los ingleses...
Pero yo no.
Por todo eso, porque no me avergüenzo ni lo más mínimo de la Historia de España, ni mucho menos de sus siglos de Gloria, por eso he querido ambientar este relato aún sin título en esos años y no regodearme como siempre en la basura y miseria de otras épocas, como hace un amigo que tengo y de quien ya he hablado, auténtico experto en Historietas de Taberna.
Varo.

lunes, 31 de mayo de 2010

31 de Mayo

La verdad... no sé cómo pudo ocurrir. Supongo que fue por una de esas casualidades del destino en que un amigo te presenta a otro y ése a otro... y así hasta que, de repente, te das cuenta de que te encuentras en un lugar que nunca habías imaginado, rodeado de un montón de personas a quienes no conoces y muy cerca de alguien... especial.
Aquella mañana de junio, dos amigos inseparables, compañeros de fatigas y de Facultad, pisaban el acelerador de un Renault Clío blanco camino de Madrid. Pedro le decía a Roberto que allí tenía varios colegas y le auguraba un fin de semana repleto de diversión. Y a Roberto esas palabras de Pedro le iban sonando a gloria bendita...
Por el camino hablaron de proyectos. Muchos y sin parar. Probablemente porque su recién estrenada licenciatura universitaria les provocaba una especie de borrachera elocuente que les hacía hablar de tantas cosas como ambos tenían pensado hacer cuando acabaran sus estudios… y ese momento había llegado. Ambos se veían, más que al final de una etapa, en el comienzo del mejor momento de sus vidas.
Y en esas andaban cuando llegaron a Las Rozas.
Encontraron de chiripa el chalet del colega de Pedro quien, esa noche, les llevó a una fiesta. Una de esas fiestas que se montan los niños bien en sus chalets de la sierra, con música en el jardín, canapés, bebidas a tutiplén y chicas guapas bailando descalzas sobre la hierba…
Y allí estaba él, entre un montón de gente anónima que bebía en vasos largos de cristal. Allí estaba, con su melena rizada, luciendo en las sombras de la noche, entre ritmos y destellos… Roberto dudó… pero… sí, era él, Antonio Flores, el hijo de la Lola.
Cuando ocurren este tipo de encuentros siempre el destino suele actuar hasta el final. Efectivamente, el destino quiso que Roberto y Antonio coincidieran en la barra. Roberto pidió un gin tonic y Antonio también. Pero resulta que las reservas de ginebra, muy mal calculadas, se agotaron con la copa de Roberto quien había llegado unos pocos segundos antes.
—Lo siento —dijo el barman al hijo de la Lola— ya no me queda gin.
Entonces, Roberto miró a Antonio y, sin dudarlo, le sugirió:
—Toma este mío… aún no lo he tocado…
Y aquel gesto conmovió al pequeño de los Flores.
Contó Roberto que pasaron el resto de la noche juntos. Que le presentó a un montón de gente, a un sinfín de chicas guapas. Que le habló de sus canciones y él de sus proyectos. Que hasta se dieron un baño en la piscina, en calzones, aunque otros y otras lo hicieran en cueros… Y me enseñó, apuntado en un papel, su número de teléfono.
Ya he dicho que el destino, cuando actúa, lo hace siempre hasta el final. Hoy, 31 de mayo, tengo dos aniversarios que contar aquí: el de Antonio Flores, mi poeta de cuando aún tenía sueños y el de Roberto, el más pequeño de mis hermanos.
Varo.

sábado, 24 de abril de 2010

23 de Abril


De las dos cosas no sé qué seré primero, si castellano o leonés. Creo que el color rojo de la sangre me viene de mi madre castellana y la calvicie de mi padre leonés. Que la tierra donde reposan los míos sea leonesa y que el primer soplo de viento que respiré al nacer fuera castellano no es ninguna casualidad ni por ello me contradigo. Ni maldigo. Sólo advierto.

Probablemente, el hecho de vivir a caballo de ambos reinos me haya dado una visión del conjunto de esta tierra tan amplia, tan variada, tan cercana y tan lejos de todas partes. Y me siento orgulloso de ser de aquí, de León y Castilla o de Castilla y León, que para mí es lo mismo.

Sin pretender olvidarme de nadie, me van ustedes a permitir que hoy sea breve expresando mi felicitación para todos los que vivimos en esta Tierra Media que nace en La Canda y muere en el Moncayo, desde el Puerto de los Leones hasta Pajares pasando, cómo no, por Zamora, Valladolid y Villalpando.


Varo.

martes, 30 de marzo de 2010

Presentación


Sólo quería anunciar la inminente presentación de mi libro, La Veleta Nocturna. Tendrá lugar el próximo 3 de abril, día de Sábado Santo, en el salón de actos del Ayuntamiento de Villalpando. ¿La hora? Las ocho de la tarde.
Estarán allí mis dos buenos amigos, los escritores Félix González Modroño y Jesús Fernández Morillo, que hablarán un poco de esta pequeña colección de cuentos.
La puerta está abierta para todo el mundo.

Varo

viernes, 12 de marzo de 2010

Adios, maestro

Lo recuerdo paseando por la calle Santiago de Valladolid. Al principio iba solo, agarrándose las manos a la espalda. Más tarde lo empezó a acompañar alguien, cogido del brazo, caminando despacio, sin ninguna prisa... Luego llegó el bastón.
-Adiós, don Miguel -saludaba yo siempre.
Tardó algún tiempo en responder a mi saludo, quizás porque le sorprendiera que un mocoso como yo, desconocido y descarado, burlara a diario ese anonimato que siempre gustaba disfrutar.
Pero, al final, cada vez que nos cruzábamos, generalmente en la plaza de Zorrilla o frente a Caballería, era él quien, primero y a modo de saludo, levantaba su brazo.
Durante aquellos años de bachillerato, entre clase y clase, pasaba los cinco minutos de asueto que se nos permitía observando los cientos de orlas que colgaban en los pasillos inmensos de un Colegio plagado de historia, mi colegio: "El Lourdes". Eran rostros en blanco y negro, la mayoría anónimos... Aunque alguno...no tanto. En una de esas viejas promociones estaba la foto de un joven Miguel. Fue en esa época, en 1981, para más señas, cuando por primera y única vez en mi vida estreché su mano; era él quien, en esa ocasión, entregaba los premios del certamen "Relato Breve Ciudad de Valladolid". Desde entonces... ¡cómo no iba a saludarlo!
Hoy las calles de Valladolid se han quedado huérfanas. Y el señor Cayo también. Y los Santos son aún más Inocentes. Y Mario... Y el Ratero... Y sus amigas, las truchas... Y el Azarías... que por fin han comprendido por qué la sombra de un ciprés siempre es alargada.
Varo.

jueves, 4 de marzo de 2010

LA VELETA NOCTURNA


Quizás alguno de vosotros ya lo sepa pero es obligado que también lo diga aquí: por fin vio la luz mi primer libro, La Veleta Nocturna. Ya era hora.

Se trata de una colección de relatos, en concreto cuatro historias breves ambientadas en diferentes épocas y lugares (también en Villalpando), de las cuales ya he hablado en otras ocasiones.

Sólo puedo decir que ver impresos estos relatos es algo que me llena de satisfacción; ahora sólo deseo que os gusten.

La primera presentación oficial tendrá lugar muy pronto aquí, en Villalpando. Ya os avisaré.

Dejo la dirección web de la página que me ha hecho un buen amigo, profesional del tema, por si alguno está interesado.


Nos vemos en La Veleta.

Varo.

martes, 23 de febrero de 2010

----20.000----


A veces los números nos proporcionan ocasiones para celebrar. Tal vez sea por nuestro racional afán de contar y recontarlo todo.
Si cuenta el avaro su dinero, si cuenta el viejo sus años, si cuenta el trabajador sus horas de trabajo... ¿por qué no iba yo a contar las visitas de este blog?
Es cierto. Esta noche, al encender esta pantalla, como cada noche, me he dado cuenta de que ya son 20.000 las visitas registradas. Y me doy cuenta, también, de que son dos años desde que estas páginas vieron la luz por primera vez. No quisiera pecar de soberbia pero el caso es que nunca pensé que estas historias pudieran interesar a tantos. Siempre imaginé este blog como una ventana pequeña y marginal. Y confieso:
Me gusta poder llegar a la gente para transmitir y compartir.
Me gusta poner en común.
Me gusta aportar ideas...
Y también recibirlas.

Varo.